¿Qué hacer si tu hijo tiene una rabieta en un lugar público? La opción más segura es alejarlo de la situación. No sigas haciendo fila ni de compras. Levanta a tu hijo (si no está pataleando mucho) y salgan a la calle o a un lugar más tranquilo. Siéntate en un banco y abrázalo si te lo permite. Dile con voz suave y tranquila: “Estoy aquí para ti. Estás enojado porque no te compré una chocolatina. Es normal estar enojado. Pero gritar nos hace daño a los dos. Respiremos juntos”. Enséñale a respirar: inhala lentamente por la nariz y exhala larga y profundamente por la boca. A los niños pequeños se les puede ofrecer “soplar una vela” o “oler una flor y apagar un diente de león”. Poco a poco, el cuerpo se relaja.
Es importante no ceder ante la provocación de un “trato”. “Si te callas, te compro un juguete” es una solución a corto plazo que refuerza las rabietas como forma de conseguir lo que quieren. El niño aprenderá rápidamente que para obtener lo que desea, necesita armar un escándalo. En cambio, repite con calma tu “no” después de que termine la rabieta. “Entiendo que estés enfadado. Pero hoy no comemos chocolate. Pero en casa hay manzanas y galletas”. Ofrece una alternativa, pero no la que fue el motivo del conflicto. Si el niño se calma, felicítalo: “Muy bien, lograste controlar tu enfado. Fue difícil para mí, pero lo superamos juntos”. Esto fortalece el vínculo y le enseña al niño que las emociones se pueden experimentar sin rabietas.
La mejor defensa contra las rabietas es la prevención. Mantén una rutina diaria constante: un niño hambriento y cansado casi con seguridad tendrá una rabieta. Cuando planees ir al supermercado o visitar a alguien, asegúrate de que tu hijo esté bien alimentado y descansado. Lleva una mochila con lo básico: agua, un tentempié (una manzana, galletas), un juguete o libro pequeño nuevo y toallitas húmedas. Establece reglas claras antes de salir: «Hoy solo compraremos lo que está en la lista. Puedes elegir un artículo de 2 euros: yogur o zumo». Si tu hijo conoce los límites de antemano, es más probable que los acepte. Asígnale tareas sencillas: poner tres manzanas en el carrito, encontrar un paquete de pasta. Sentir que tiene el control y participa en el proceso reduce la tensión.
Por último, no compares a tu hijo con otros. Todos los niños son diferentes, y la frecuencia de las rabietas depende de su temperamento, no de la calidad de su crianza. Un niño tiene una rabieta una vez al mes, otro tres veces al día. Y ambas situaciones pueden ser normales. Si las rabietas duran más de 30 minutos, ocurren más de 10 veces al día o tu hijo se lastima (golpeándose la cabeza, arañándose), conviene consultar con un pediatra o un psicólogo infantil. Pero en la mayoría de los casos, tiempo, paciencia y constancia son suficientes. Recuerda: puede parecer una eternidad ahora, pero dentro de un par de años recordarás esos momentos en el supermercado con una sonrisa. Mientras tanto, respira hondo y recuerda que eres un buen padre o madre, incluso si tu hijo está gritando a todo pulmón.
