Cómo hablar con los niños sobre dinero sin fomentar la avaricia

por Daniela Cabrera

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Muchos padres en España se sienten incómodos al hablar de dinero con sus hijos. Algunos temen criar consumidores materialistas, otros temen transmitirles su ansiedad por las facturas y los préstamos. Pero la educación financiera comienza en la familia, y el silencio en este aspecto es tan perjudicial como la presión excesiva. Desde muy pequeños, los niños ven cómo pagas con tarjeta en el supermercado y escuchan fragmentos de conversaciones sobre sueldos o hipotecas. Si no les explicas cómo funciona el dinero, ellos mismos lo deducirán, a menudo de forma distorsionada, a partir de dibujos animados o conversaciones en el jardín. Por lo tanto, lo mejor es introducir el tema del dinero con calma y sin miedo, convirtiéndolo en una parte natural de la crianza.

Empieza por lo sencillo: explica de dónde viene el dinero. Los niños pequeños creen sinceramente que sus padres lo sacan mágicamente de sus carteras o teléfonos. Explícales que trabajas, inviertes tiempo y energía, y recibes una remuneración por ello. Puedes jugar a un juego: “Aquí estoy cocinando la cena; ese es mi trabajo en casa, y en el trabajo hago esto”. Para los niños mayores, muéstrales una factura de servicios o un recibo de la tienda. Deja que vean que la comida, la ropa, los juguetes, la electricidad y el agua tienen un precio. No entres en detalles alarmantes sobre las deudas, pero no ocultes que el dinero es un recurso limitado. De esta manera, tu hijo empezará a comprender por qué no le compras todo lo que pide.

Introducir la paga semanal es una de las mejores maneras de enseñar. En España, muchos padres empiezan a dar pequeñas cantidades a partir de los 6 o 7 años, cuando los niños ya saben contar. La cantidad no es importante, sino el hecho de que es su dinero personal y ellos deciden en qué gastarlo. No controles cada compra, aunque te parezca una tontería (otra figurita de plástico o caramelos baratos). Un niño debe aprender por sí mismo: comprar algo trivial y arrepentirse cuando no puede permitirse algo más deseado. Habla sobre las consecuencias, pero sin burlarte. «¿Te acuerdas de que te compraste ese coche y ahora no te alcanza para la entrada al parque acuático? Quizás la próxima vez podrías ahorrar un poco». De esta forma, a través de la experiencia personal, comprenden el valor del dinero.

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