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Berrinches infantiles: Cómo mantener la calma cuando tu hijo grita en el supermercado

by cms@editor

Todos los padres en España han vivido al menos una vez ese momento en que su hijo se desploma en el suelo en medio del supermercado y empieza a gritar como si le hubieran arrebatado algo preciado. Las miradas se agolpan a su alrededor: compasivas, críticas, burlonas. Dan ganas de desaparecer o gritar también. Pero un berrinche no es un desastre ni un signo de mala crianza. Es una etapa normal del desarrollo por la que pasan todos los niños, especialmente entre los dieciocho meses y los cuatro años. Su cerebro aún no es capaz de regular las emociones y su lenguaje no les permite verbalizar lo que sienten. Comprender esto es el primer paso para dejar de ver un berrinche como una derrota personal.

¿Por qué tienen berrinches los niños? Puede haber muchas razones: cansancio, hambre, sobreestimulación, malentendidos sobre los límites, el deseo de conseguir lo que quieren o, simplemente, la incapacidad para afrontar la decepción. Una rabieta suele ocurrir cuando un niño quiere ser independiente pero no puede. O cuando escucha un “no” al pedir un juguete. El cerebro del niño se sobrecarga y la única forma de aliviar la tensión es llorar a gritos y revolcarse por el suelo. Esto no es manipulación en el sentido que entienden los adultos. Hasta los 4 o 5 años, los niños no son capaces de manipular de forma fría; requiere habilidades cognitivas demasiado complejas. Así que no busques malicia; simplemente acepta que tu hijo se siente mal.

Lo más importante durante una rabieta es mantener la calma. Esta es la parte más difícil, especialmente en público. Pero si empiezas a gritar o a avergonzar a tu hijo, solo empeorarás las cosas. En este punto, el cerebro del niño no oye palabras; solo percibe tu tono y tus emociones. Tu calma actúa como un ancla: el niño comprende inconscientemente que el mundo no se ha acabado porque mamá o papá están cerca y no están entrando en pánico. Respira hondo, aprieta y suelta los puños. Repítete: “Esto pasará, no lo hizo a propósito, podemos con esto”. Si puedes, ponte a su altura (en cuclillas) y simplemente acompáñalo. A veces, tu sola presencia, sin palabras, puede ser tranquilizadora.

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