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Es viernes por la noche, te desplomas en el sofá, abres Netflix y… pasas media hora buscando sin elegir nada. ¿Te suena? La noche de cine en casa se ha convertido en una tarea tediosa que te quita las ganas de ver una película. Pero con el enfoque adecuado, ver una película puede convertirse en un verdadero evento que esperas con ilusión toda la semana. Da igual si la ves solo, con tu pareja o con amigos: la clave es convertirlo en un ritual. Los españoles adoran el cine (piensa en Almodóvar) y tienen mucho que enseñarnos sobre cómo convertir el simple hecho de ver una película en una experiencia. Vamos a desglosar el plan paso a paso para una noche de cine perfecta que no te deje aburrirte.

El primer paso es elegir una película sin complicaciones. Deja de buscar “la ideal” cuando llegue el momento de empezar. Al principio de la semana, establece una tradición: cada uno por la noche sugiere tres películas de su lista de “quiero ver”. Luego votan o simplemente eligen una por una. Puedes usar la app Watchlist o Letterboxd para llevar un registro de tus elecciones. Otra opción es una semana temática: por ejemplo, “Thriller español” (ve “El cuerpo”, “El huésped invisible” o “Un tranvía llamado deseo”), “Comedias francesas” o “Películas de detectives del cine negro de los años 40”. Otro truco: elige una película basada en un actor o director que ambos admiren. Tarkovsky o Almodóvar, Sorrentino o Buñuel: es fácil encontrar películas con subtítulos en España.

El siguiente paso es preparar el ambiente. Apaga las luces del techo, enciende una lámpara de pie o luces decorativas. Si tienes un proyector, genial: puedes ver la película en una pared blanca. Si no tienes proyector, coloca tu tableta a la altura de los ojos o conecta tu portátil a un televisor grande. Es importante eliminar todas las distracciones: deja el teléfono en otra habitación o en modo “No molestar” y desactiva las notificaciones de tu portátil. Crea una “capullo de sonido”: si vives en una zona ruidosa, pon ruido blanco o auriculares con sonido envolvente. En España, donde las paredes de las casas antiguas son finas, unos buenos auriculares pueden salvarte la noche. Lleva mantas y almohadas: la comodidad es más importante que la estética.

La comida y la bebida son fundamentales. Olvídate de las patatas fritas. Prepara algo especial, pero sencillo. Palomitas caseras de aceite de coco con romero y parmesano suenan a restaurante, pero están listas en 10 minutos. Una tabla de quesos (Manchego, Cabrales, Mahón), aceitunas, jamón y uvas es el aperitivo perfecto para toda la película. De plato principal, prueba nachos con salsa de queso y guacamole, minipizzas en pan plano y bruschetta con tomate y albahaca. Para beber, prueba sangría casera, un Calamoch (un cóctel a base de cola muy popular en Valencia) o simplemente un buen vino tinto de Rioja. Si vas a ver una película de autor, puedes preparar mate o una infusión. La clave está en asegurarse de que la comida no requiera mucha masticación y no cruja demasiado.

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Unas vacaciones de playa con un libro y un cóctel son maravillosas, pero no son para todos. Mucha gente se cansa de echar de menos la tumbona al cabo de un día. Anhelan la montaña, la brisa marina, la adrenalina y la sensación de haber aprovechado al máximo el día. Por suerte, España es un paraíso para los amantes de las vacaciones activas. Cuenta con sierras, mares inmensos, mesetas desiertas y densos bosques. Además, gracias a su clima templado, se pueden practicar muchas actividades durante todo el año. Si vives en España o la visitas y quieres descubrir el país desde otra perspectiva, aquí tienes algunas ideas para un fin de semana que beneficie cuerpo y mente.

El senderismo y el trekking son las actividades estrella de las vacaciones activas en España. Los Pirineos en el norte, Sierra Nevada en el sur, las montañas de Mallorca y el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido en Aragón: hay rutas para todos los gustos y niveles. El Caminito del Rey, cerca de Málaga, es ideal para principiantes: puentes colgantes sobre un desfiladero, vistas impresionantes y, además, está bien equipado y es seguro. Se recomienda reservar las entradas con antelación; cuestan alrededor de 10 euros. Para los senderistas más experimentados, está la ascensión al Pico Mulhacén (3479 m), el punto más alto de la península ibérica. La mejor época para practicar senderismo es primavera y otoño; en verano, las temperaturas son frescas en la montaña, pero calurosas en las zonas bajas. No olvides llevar bastones de trekking y protector solar: el sol es especialmente intenso en altura.

Deportes acuáticos: España limita con el mar Mediterráneo y el Atlántico. Recorrer en kayak los acantilados de la Costa Brava (por ejemplo, desde Cadaqués hasta el Parque Nacional del Cap de Creus) te permitirá descubrir cuevas y calas inaccesibles por tierra. En Tarraco, puedes alquilar una tabla de SUP y explorar el delta del Ebro. Para practicar surf, dirígete al norte, a Cantabria o al País Vasco: las playas de Sopelana y Mundaka son famosas por sus excelentes olas. Para bucear, diríjase a la Reserva Natural de Medas en la Costa Brava o a las islas volcánicas de Las Palmas. El alquiler del equipo cuesta entre 20 y 40 euros al día, y los instructores hablan inglés y ruso. Si le teme a las profundidades, empiece con el snorkel: una máscara, un tubo y aletas le transportarán a otro mundo.

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Después de los treinta, y especialmente después de los cuarenta, mantener las amistades se convierte en un verdadero reto. Trabajo, familia, hipoteca, hijos… y de repente te das cuenta de que no has visto a tu mejor amigo/a en seis meses, aunque viváis en la misma ciudad. En España, donde las amistades son tradicionalmente muy fuertes e incluyen cenas familiares, esta distancia se nota especialmente. Pero en lugar de culparte por ser un mal amigo/a, conviene aceptar la realidad: el ritmo de vida ha cambiado y las antiguas formas de comunicación ya no funcionan. Necesitas encontrar maneras nuevas, más flexibles y realistas de mantener el contacto, aunque las quedadas sean menos frecuentes.

El problema principal es que esperamos de las quedadas con amigos lo mismo que en nuestros veinte: copas largas en el bar hasta las dos de la mañana, escapadas espontáneas a la playa, fiestas por todo lo alto. Pero ahora puede que no tengas ni la energía, ni el tiempo, ni las ganas para semejante plan. Y no pasa nada. Deja de poner el listón de la “amistad perfecta”. En cambio, adopta el concepto de “microreuniones”: un café de 30 minutos de camino a casa después del trabajo, una carrera matutina juntos en el parque un fin de semana, una visita al supermercado juntos… sí, incluso eso cuenta, siempre que sea una interacción social. En España, las quedadas cortas de una hora durante el horario laboral son populares; muchas cafeterías ofrecen un menú del día por 12-15 €, lo que lo convierte en el formato perfecto para un almuerzo de negocios con un amigo.

La tecnología puede ser tanto una pérdida de tiempo como una salvación. Si no podéis reuniros físicamente, organizad un “café virtual” por videollamada. Pedid un café, vuestro amigo debería hacer lo mismo, y sentaos frente a la pantalla durante 20-30 minutos. No sustituirá la comunicación cara a cara, pero es mejor que nada. Cread un chat compartido de WhatsApp donde compartáis una foto divertida o un mensaje corto cada día; esto mantiene la sensación de estar presentes en la vida del otro. Jueguen juntos en línea: juegos de palabras, ajedrez, Uno… hay aplicaciones para todos los gustos. La clave es la regularidad, aunque sea mínima, más importante que las reuniones multitudinarias, por muy esporádicas que sean.

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Cuando una relación dura más de un par de años, el ritual de “sentarse en el sofá frente al televisor” se convierte en rutina, y a veces en la única opción. El trabajo, la vida cotidiana y los hijos agotan la energía y las ganas de crear algo especial. Pero la rutina mata la chispa. La buena noticia es que, para reavivar la chispa, no hace falta reservar mesa en un restaurante caro ni viajar a las Islas Canarias. Un poco de creatividad y ganas de sorprenderse mutuamente es todo lo que se necesita. Una velada en casa puede ser tan mágica como una cita en el centro de Madrid si se aborda con pasión. Aquí tienes algunas ideas para parejas que viven en España y quieren reavivar la llama.

Las cenas temáticas son un clásico que siempre funciona. Elijan un país y cocinen juntos sus platos típicos. No solo cocina española, sino algo más exótico: tacos mexicanos con salsa casera, ramen japonés, risotto italiano. Deja el móvil y pon música apropiada (mariachi para México, koto para Japón, clásicos italianos para Italia). Incluso puedes vestirte con estilo: al menos ponte un pañuelo o un sombrero. Todo el proceso, desde picar los ingredientes hasta lavar los platos, se convierte en un juego. España está llena de tiendas con productos de todo el mundo: en Barcelona encontrarás puestos asiáticos, en Madrid, latinoamericanos. Embárcate en un viaje culinario sin salir de casa.

Los juegos de mesa para dos son un mundo aparte. Olvídate de las aburridas partidas de Monopoly de tres horas. Ahora hay muchos juegos creados específicamente para dos jugadores. “Patchwork” consiste en crear una colcha de retazos: adorable y táctil. “Jaipur” es un duelo comercial en el mercado de las especias. “7 Wonders Duel” es un juego de estrategia con un significado profundo. El ajedrez o el Go son para los más intelectuales. España cuenta con excelentes tiendas de juegos de mesa (como Jugamos en Valencia o Goblin Trader en Madrid), y muchos juegos se pueden encontrar en Amazon.es. Organiza un torneo para ver quién gana la noche. La competencia añade emoción y resolver problemas juntos une a la gente. Y no te olvides de los juegos de cartas: incluso juegos sencillos como el Durak o el Wishing Poker pueden ser muy divertidos.

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En un mundo donde estamos constantemente rodeados de gente, notificaciones y obligaciones, la capacidad de pasar tiempo a solas se está convirtiendo en un verdadero arte. Muchos en España perciben la soledad como algo vergonzoso o alarmante; inmediatamente genera una sensación de soledad y tristeza. Pero hay una gran diferencia entre el aislamiento forzado y la soledad consciente. Cuando eliges estar solo voluntariamente, no es una huida del mundo, sino una forma de recargar energías, conectar con tus verdaderos deseos y recuperar tu equilibrio interior. Aprender a disfrutar de tu propia compañía es uno de los mejores regalos que puedes hacerte.

¿Por qué nos da tanto miedo estar solos? Porque en el silencio, a menudo afloran pensamientos que ahogamos con el ajetreo: sueños incumplidos, viejos rencores, miedos. Es más fácil encender la televisión o llamar a un amigo que estar solo. Pero es precisamente en este diálogo interno donde nace la fuerza interior. Empieza poco a poco: reserva una hora a la semana para estar completamente a solas. Sin teléfono, sin libros, sin música de fondo. Puedes sentarte en el balcón con una taza de té, dar un paseo por el parque o simplemente tumbarte en la cama. Deja que tus pensamientos fluyan libremente, sin juzgarlos. Tras unas cuantas sesiones así, notarás que el silencio ha dejado de ser aterrador y se ha convertido en un bálsamo.

El estilo de vida español, con sus constantes reuniones con amigos, cenas familiares y fiestas bulliciosas, no siempre deja espacio para la soledad. Pero incluso en la cultura más social, puedes encontrar un rincón para ti. Por ejemplo, date un capricho el fin de semana. Ve al Museo del Prado o al Museo Reina Sofía en Madrid, o al Museo Thyssen-Bornemisza: puedes contemplar las pinturas a solas todo el tiempo que quieras, sin tener que ir acompañado. O ve al cine por la tarde. O simplemente coge un termo de café y un libro y siéntate en un banco del Parque del Retiro. Lo importante es hacerlo sin sentirte culpable por «quitarle tiempo» a tu familia. Tienes derecho a tu espacio personal.

¿Qué puedes hacer a solas que te alegre, en lugar de aburrirte? Haz algo que hayas estado posponiendo durante mucho tiempo. Aprende a tocar el ukelele: en España hay muchísimas tiendas de instrumentos musicales a buen precio. Domina la caligrafía o el lettering: encontrarás kits en cualquier tienda de arte. Empieza un diario de gratitud: cada noche, anota tres cosas por las que estés agradecido ese día. Empieza a hornear ese pastel complicado cuya receta parecía intimidante por tantos pasos. Crea un spa en casa: una mascarilla facial, un baño de sales, un tratamiento capilar. Baila tu música favorita: nadie te ve, puedes ser tú mismo. Cuando estás a solas, puedes hacer cualquier cosa que no perjudique a los demás y te alegre.

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