La soledad también es ideal para viajar. No esperes a que las vacaciones y los presupuestos de tus amigos coincidan. Compra un billete de tren a una ciudad cercana: de Barcelona a Girona, de Valencia a Cuenca, de Sevilla a Córdoba. Cuando viajas solo, tienes la libertad de seguir tu propio ritmo: puedes dormir hasta la hora del almuerzo, explorar lugares menos concurridos o pasar dos horas leyendo en una cafetería. Conocerás a la gente local, ya que un viajero solitario suele ser más abierto a la conversación. Y te demostrarás a ti mismo que no necesitas la presencia de nadie más para ser feliz. Esto aumenta enormemente la autoestima y la independencia.
Para los introvertidos, la soledad es el combustible que necesitan para funcionar. Pero los extrovertidos también se benefician de bajar el ritmo de vez en cuando. Las investigaciones demuestran que pasar tiempo a solas con regularidad aumenta la creatividad, mejora la concentración y reduce el estrés. Sin las distracciones de los demás, el cerebro procesa la información con mayor profundidad y surgen ideas inesperadas. Muchas grandes ideas han surgido en la tranquilidad de sus oficinas o durante paseos solitarios. Así que, al pasar tiempo a solas, no estás siendo egoísta, sino que estás invirtiendo en tu productividad y salud mental.
Y un último consejo: no compares tu tiempo libre con el de los demás en las redes sociales. Nadie publica fotos de sí mismo aburrido y solo. Pero créeme, incluso los más fiesteros empedernidos a veces se quedan en casa en pijama comiendo pizza. Si sientes que la soledad ha dejado de ser voluntaria y se ha convertido en una carga, entonces es hora de encontrar el equilibrio. Pero si realmente disfrutas de tu propia compañía, has triunfado. Te has convertido en el tipo de persona con la que nunca te aburres. Y eso, estarás de acuerdo, vale mucho. La próxima vez que alguien te pregunte: “¿Qué, estás solo?”, sonríe y responde: “No, estoy en muy buena compañía”.
